lunes, 17 de abril de 2017

Poemas del Jardinero del Amor. Varios autores (2) Versos y audio musical

Llanera cojedeña en el archivo de Carlos González


ROMANCE (Rodolfo Moleiro)
Pasaba por el borde florecido
La revestían luces de manzana.
Él bajaba el sendero vespertino
a rescatar luceros en el agua.

Ella era la brisa en el retoño
la luz de amanecer en el naranjo.
Él arpegios oía en el escombro.
Su corazón era un bosque de ocaso.

Ella incitaba pájaros del alba
y círculos de llamas en las rosas.
Él sabía que todo es escapada
en el humo, las aguas, las alondras.

Ella inclinó, rendida la cabeza
y fue como un albor estremecido.
Él se alejó en su íntima guerra.
Huellas de luna fueron su camino.


A UNA ROSA (Domingo Andrade Toro)
Aman todos los bardos a las rosas,
símbolo de belleza y de ternura,
y elogian su romántica hermosura
en variadas canciones melodiosas.

Unos cantan las rosas misteriosas,
las de color de sangre casi oscura;
otros, las rosas de ideal blancura,
acaso las más tiernas y preciosas.

Y hay quien canta las rosas amarillas,
las del mismo color de las mejillas
del niño triste, convertido en hombre.

Yo, en los hondos rosales de mi  vida,
no cantaré otra rosa más querida
que la límpida rosa de tu nombre.


NADA ES MAYOR (Arturo Camacho Rodríguez)
Nada es mayor que tú; solo la rosa
tiene tu edad suspensa, ilimitada:
eres la primavera deseada
sin ser la primavera ni la rosa.

Vago espejo de amor donde la rosa
inaugura su forma deseada,
absorta, inmersa, pura, ilimitada,
imagen, sí pero sin ser la rosa.

Bajo tu piel de nube marinera,
luz girante, tu sangre silenciosa
despliega su escarlata arborecida.

Nada es mayor que tú,  rosa y no rosa, 
primavera sin ser la primavera:
arpegio en la garganta de la vida.


DOLIENTE ROSAL (Carlos Borges)
Cada quien su rosal ha deshojado
en oblación gentil a tu hermosura:
de nieve, grana y oro el perfumado
profluvio envuelve tu ideal figura.

Oh novia del poeta afortunado,
yo soy el bardo de selva oscura;
en mi viuda jardín solo ha quedado
un doliente rosal de sepultura.

¿Quieres sus rosas? Con piedad divina
en el tronco, entre una y otra espina,
tu compasivo corazón injerta.

Y en cambio de la rosa funeraria
florecerá en tu boca la plegaria,
la flor más digna de mi pobre muerta.


XXIX/I/MMXVII (Héctor Méndez Zamudia)
El azul de mis querencias
se hizo melodía en tu aurora
cuando huérfano de anhelos
pintaste mi flor de bora

Cálido raudal aflora
al roce de mil caricias
y una estampida de besos
a mis anhelos envicia

Con delicada impudicia
sabiamente en tu vergel
vas floreciendo senderos

Me sabe a miel la codicia
que me provoca tu piel
bajo un cielo de luceros


HAIDEE (José Ramón López Gómez)
Buscaba en mi jardín un ejemplar,
que conservando su aroma y su tersura
pudiera todo el tiempo conservar
manteniendo por siempre su hermosura.

Y he aquí, que romántico juglar,
entre geranios y rosales, con ternura,
una flor permanente he de lograr,
la vida inundando, con su denosura.

La tomé entre mis manos cuidadoso,
sus pétalos sedosos y su aroma
me han hecho exclamar con alborozo.

¡Esta planta tiene algo de mi sino!
Y esta flor de delicadas formas,
será constante promesa en mi destino.


ILSE (José Ramón López Gómez)
Ha sido un cuento romántico,
un camino de rosas perfumadas
y muchas aves entonando un cántico
por entre las tiernas enramadas.

Madreselvas son para el caminante
flores que su aroma le dan dulcemente,
y es frágil lirio tu talle fascinante
núbil deidad que admiro ufanamente.

Hasta aquí esta tierna, dulce historia
que en mi corazón por siempre perdura
y guarda perenne toda mi memoria.

Hoy siento infinito este anhelo
de mirar por siempre tu gentil figura
lucero encendido de mi claro cielo.

De “NO JUSTIFICO UN COMIENZO” (Orlando Barreto)
Tardas en aflorar 
recelas de la palabra como si ella te pesara
Aunque lo pareciera solamente, porque
el poema después de todo te hace existir
No cierres tu flor arisca y salvaje
Sal
con toda la enredadera de tu flor carnal
y no te hundas en el umbroso cierre
de los bosques no solicitados
Asiste al desierto, pues, que las palabras
están echadas en la piel no escrita
de tu protegida ausencia


VIAJERA DEL RÍO (Letra de  Manuel Yáñez. Intérprete: Serenata Guyanesa) 
Paseando una vez por el malecón
extasiado me quedé
al ver una flor perfumando el río
era angelical como el azar
y corría y corría,
buscando el horizonte se perdía;
la quise tocar,  la quise abrazar,
quise amarla como a ti,
ni que fuera un mago para contener
la fuerza del rio
y se fue ocultando
y se fue marchando
luego desapareció,
pasaron los años
y el arcano tiempo la alejó de mí;
por eso en mis sueños
cuando la recuerdo
triste voy al malecón
para ver si el río cambia la corriente
y vuelvo a ver mi flor...

La quise tocar,  la quise abrazar,
quise amarla como a ti,
ni que fuera un mago para contener
la fuerza del río
y se fue ocultando
y se fue marchando
luego desapareció,
pasaron los años
y el arcano tiempo la alejó de mí;
por eso en mis sueños
cuando la recuerdo
siempre voy al malecón
para ver si el río cambia la corriente
y vuelvo a ver mi flor...
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